jueves, 27 de agosto de 2026

EL FARO. RESEÑA DE ANTONIO PACHECO

 El Faro, la tercera novela de Belén Garrido Cuervo


Hay personas a las que creemos conocer y con las que descubrimos, después de varios años, que no somos otra cosa que “desconocidos con el mismo rumbo” —como reza una de las sentencias de esta novela—. Y a veces pasa también que ni siquiera nos conocemos lo suficiente a nosotros mismos. 

Ubicada en la Asturias de los noventa, los personajes de El faro viven inconformes —o no resignados— con lo que tienen. Quieren una relación más estable. Volver a ser quienes eran. Tener aquello que en su momento no pudo ser. O un poco más de lo que tienen ahora. Todos, además, están a punto de revelar un secreto o de que les sean revelados los suyos, esos con los que se protegían o creían proteger a otros.  

Miguel es un importante restaurador de arte que regresa a Asturias tras el fallecimiento de su madre. Fue ella quien influyó en él para que se fuera a vivir a Madrid. Y aunque no se desligó del todo, ese destierro hizo que el recuerdo de su padre fuese haciéndose cada vez más opaco y tergiversado, además de truncar la relación que pudo haber tenido con Irene —su amiga desde la infancia— y a quien ahora irá redescubriendo de a poco.

El duelo lleva a Miguel a revolver el pasado. Así comienza a enterarse de lo que en verdad sucedió en torno al asesinato por el que su padre fue sentenciado a prisión y olvidado ahí por casi todos.  Esto lo lleva también a cuestionarse cómo se involucró en negocios que contravenían su propia moral y principios cuando conoció a Regina, una empresaria involucrada en negocios turbios relacionados con el arte, esos que, además de traer consigo dinero, prometen fama y prestigio.

Garrido Cuervo (“La Cita” y “Nadiya, historia de una esclava”) sabe cómo lograr que la prosa pase como terciopelo por los ojos del lector y construye frases que no son piezas bonitas y sueltas para adornar páginas. Va de la espontaneidad en los diálogos —“Hay lazos que los aprieta el demonio, pero las personas somos peores”— a la reflexión melancólica de los personajes —“El trabajo de eliminar un barniz oscurecido por los siglos en una pintura es como el de ahondar en el pasado y hacerse preguntas. ¿Hasta dónde llegar?”—.

¿Y hasta dónde podemos responsabilizar a los demás de nuestras decisiones? ¿De qué sirve asumir esa responsabilidad cuando ya es tarde? Hay personas a las que creemos conocer y con las que no somos otra cosa que desconocidos con el mismo rumbo, pero ese rumbo, a veces, no lo determinamos nosotros. Cuando hacemos conciencia de ello y entendemos que no hay modo de cambiar el pasado, solo nos queda detenernos y mirar cómo seguir y hacia dónde. Igual que una obra de arte que se restaura a conciencia de que será imposible devolverla a su estado original.

martes, 23 de junio de 2026

¿Y?

Se demuestra que un hombre ha cometido un delito y la justicia lo condena a varios años de cárcel. Su hijo reprocha horrorizado: ¡mi padre morirá en la cárcel!

Una mujer está acusada de delitos graves y un juez toma medidas para evitar que huya del país antes de ser juzgada. Amigos de esa mujer dicen horrorizados: ¡le han quirado el pasaporte!

Un hombre se inculpa de sus delitos y decide colaborar con la justicia para descabezar una banda criminal. Poderosos que se ven en peligro gritan horrorizados: ¡se libra de ir a prisión!

viernes, 8 de mayo de 2026

JUGAR A LAS CASITAS

Roma Gallardo comenzó la emisión de su programa simulando una náusea y sentí curiosidad por saber de qué hablaría a continuación. Se trataba del documental Sidosa. Por no dejarme influir por la opinión del youtuber, busqué información sobre el documental y encontré una entrevista con el protagonista, aquel Fidel que se representaba a sí mismo en una serie de televisión, que se encasilló de por vida en ese papel y que logra vivir del cuento woke y del trabajo de los españoles. Al minuto de seguir la entrevista envidié el autocontrol de Roma. Con la informacion que circula desde hace años, mantener conductas de riesgo sin protección y contagiarse con el virus VIH no es algo algo para contar muerto de risa, sino más bien para meter la cabeza en un saco y pensar en la profunda idiotez que se ha cometido. Pero no, el cerrico documenta la alegría con que lleva la situación. Me pregunto si todas las personas que mantuvieron contacto con este ser fueron informadas de la condicion de su salud que tanta gracia le hace. En cualquier caso, el gran irresponsable hace un documental, no ya sin asomo de reflexión, sino con celebración y humor y, a lo fato, que decimos en mi tierra, el pollo lleva embolsados cerca de 400.000 euros del contribuyente por hacer su cine, o sea, por jugar a las casitas disfrazado de lo que no es ni será. Pero lo más revelador fue encontrar que entre las personalidades que acudieron al estreno de la astracanada estuvo Fernando Simón, otro que juega a las casitas a costa del contribuyente disfrazado de lo que no es ni será. Échenle hantavirus al que bromea con el VIH y se partió la caja con el Sars-CoV 2

martes, 5 de mayo de 2026

EL FARO

 


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En un solitario faro se fragua una desgracia.
En una fría casa de indianos se guarda un secreto.
En una moderna galería de arte se comete un delito.
¿Por qué Marina odia a Juan?
¿Quién mató al Ingeniero?
Irene y Miguel deben decidir qué es la lealtad y a quién se la deben.

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jueves, 2 de abril de 2026

TIEMPOS RIDÍCULOS

Allá por 2011 escribi un relato que titulé La comisión. Contaba en tono jocoso mi asombro porque políticos que veían con horror cómo se destrozaba el idioma con el lenguaje inclusivo, callaran cuando otros lo usaban con desparpajo. En el año 2016 mi amigo Fernando Hidalgo publicó en LEA El pequeño caballo. Trata de un niño que dice a sus padres que quiere ser un caballo y estos, por no contradecirle, transforman su habitación en un establo y el niño termina rebuznando de felicidad, como un burro. Fernanzo contó que se lo había inspirado un programa de televisión en el que se abogaba por una ley trans que tuviera en cuenta la opinión de los niños a la hora de reconocer su sexualidad.

Como bien comentó Fernando al hilo del burro, cuando alguien decía una tontería, el mundo, por mera supervivencia, la diluía; pero comenzó a imponerse una tendencia en la que ante la tontería, el mundo se ponía de su lado. ¿Se podía adivinar que de aquellas barrabasadas que la mayoría no podía tomar en serio, como el jóvenas de la primera mujer de Felipe González, se llegara a la situación actual? Yo creo que no. La sinrazón que nos habita llegó como los topos, minando la tierra bajo nuestros pies. Y cuando una ley afianzaba un disparate, como topo que saca la cabeza, periodistas, políticos, televisiones, iglesia, empresarios, universidad... la defendían y el disconforme quedaba retratado. Porque no había topos, ni galerías, ni problemas. Todo era puro progresismo.

En febrero de 2026 se convocaron en varias ciudades unos seres biológicamente humanos, pero que caminan a cuatro patas, maullan, relinchan o ladran. Se hacen llamar therians. Las convocatorias no tuvieron el éxito esperado. Leo que un periodista escribe: "No ha habido therians propiamente dichos, sino gente haciendo el tonto".

Poco que añadir, pero sonrío.

miércoles, 1 de abril de 2026

LES CHOSES HUMAINES

Hace años que el cine y la literatura son productos al servicio de la doctrina woke. Lejos de primar la calidad, el objetivo es trufar con consignas, manipular el pasado, ofrecer informaciones sesgadas y ningunear la inteligencia al otorgar a las emociones el papel que debe ocupar la ciencia y el conocimiento. Todo esto hace que para preservar la salud mental solo vea cine producido en el siglo XX. Sin embargo, leí que Francia tenía una potente industria de cine y que las ayudas a la producción se basaban en criterios empresariales y, por ende, debía ganarse el favor del público si quiere sobrevivir.

El acusado es una película francesa estrenada en 2021, su crítica es excelente y abord6a desde varios puntos de vista el asunto del consentimiento de las relaciones sexuales. Animada por esa perspectiva, ya que el tema está en el código penal y nos afecta, la vi.

La película está muy bien hecha y todo lo que yo alcanzo a valorar (fotografía, decoración, vestuario, diálogos, secuencia de los hechos, música…) está cuidadísimo y, por tanto, es una película agradable de ver y entretenida. Cuando termina, mi primera pregunta es ¿por qué hay que acercarse al tema del consentimiento con tanto mimo y cuidado? ¿Por qué para dejar en el aire que puede, podría ser, es posible que haya muchos factores que influyen en las relaciones y que puede o podría ser que una mujer no tenga toda la razón, hay que hacer una historia equidistante dónde para que el muchacho quede exonerado pena ha de quedar claro que ya lo ha perdido todo? Porque esta es la esencia de la película, basada en unos hechos ocurridos en EEUU y que luego noveló una escritora francesa. He leído que para escribir la novela la autora consultó con muchos letrados, no sea que... ¿Es que no es posible hacer hoy una película o escribir una historia cuyo argumento sea que una joven acepte tener una relación, sencillamente esta no resulte acorde a sus expectativas y ella disgustada consigo misma vuelque su frustración contra su pareja?

Parece que no es posible. Parece que solo es posible acercarse a la idea de que una mujer se victimice antes de reconocer que ha cometido un error, si de alguna manera también se hace responsable al varón, o las circunstancias, o a la cultura, o a la sociedad. Es decir, recurrir a cualquier cosa antes de aceptar que los actos tienen consecuencias.

Que tanto la novela como la película se titulen Les choses humaines, pero se hayan comercializado como El acusado da qué pensar.