sábado, 21 de febrero de 2026

MONEDAS DE CHOCOLATE

 MONEDAS DE CHOCOLATE

Contaba mi madre que cuando su tía Alicia regresó al pueblo donde había nacido, les sorprendió el que trajera en una saca los huesos del marido muerto años atrás. Dijo que eran del amor de su vuda y no quiso dejarlos en el cementerio de una villa a la que no había de regresar nunca. Luego, espero a una noche bien oscura para enterrarlos en un lugar que no contó a nadie. Recuerdo esta historia de mi infancia porque ahora soy yo quien tiene en el regazo una caja con las cenizas de mi esposo. Y me da por pensar que sin duda hubiera preferido mil veces verme con el peso de sus huesos. La caja es muy bonita. Es de madera, tiene un dibujito tallado en la tapa y podría contener bombones, o puros, o cartas de amor atadas con una cinta de seda. Creo que cuando la elegí no estaba pensando en lo que verdaderamente iba a contener: este montón de polvo gris, un material que me dicen que es el hombre que hasta hace cuatro días dormía a mi lado. La persona que sin ninguna duda más he amado en el mundo. Y pienso que si pudiera escoger, preferiría llevarme sus huesos a casa aún a sabiendas de que cuando todos se enteraran dirían que estaba loca y rápidamente llamarían a algún sitio para que se los llevaran. Estoy segura de que a nadie se le ocurriría preguntarme qué tenía pensado hacer con ellos. Y podría tener pensadas muchas cosas. Como por ejemplo, despejar los muebles del salón, y allí, sobre la alfombra, colocarlos uno a uno hasta recomponer el esqueleto como si fuera un rompecabezas. Porque cuando estuviera completo me serviría para recuperar al menos por un momento, la estatura de mi hombre. Y podría ver con mis propios ojos aquella protuberancia que nos enseñó el traumatólogo en las radiografía cuando se le rompió el brazo derecho. Y podría reconocer a mi marido a través de la peculiar dentadura de su calavera, esos dientes que jugueteaban sobre mi cuerpo desnudo aquellas noches de desenfreno que guardo en la memoria como un tesoro. Y podría tomar su rostro entre mis manos y hacerle la caricia que llevo atragantada desde que murió. Pero no. Nada de eso me será posible y estoy pensando desalentada que me tengo que conformar con este montón de cenizas que sostengo sobre la falda sin atreverme siquiera a mirarlas, mientras todos a mi alrededor están esperando para saber qué pienso hacer con ellas. Me dicen que incluso podría llevármelas a casa. A ellas si. Por eso también estoy pensando que todos mentían cuando me decían que comprendían mi dolor. Y estoy pensando en decirles que dejen estas cenizas para alimento del diablo y que me devuelvan la caja. Creo que en el fondo la elegí para llenarla de recuerdos, sabrosos y dulces como monedas de chocolate. 




jueves, 19 de febrero de 2026

DECIR BASTA

 DECIR BASTA

El pescado se ha enfriado sobre las baldosas. Mientras contemplo sus trozos desparramados por el comedor, pienso en buscar unos guantes de goma para recogerlo porque no quiero mancharme los dedos con esa salsa blanquecina cuyas salpicaduras aparecen por todas partes. Porque a donde quiera que la vista ponga encuentro una gota de aceite, un trocito de cebolla, una mota de perejil como si todos y cada uno de los ingredientes estuvieran ahí colocados para recordarme una y otra vez lo que ha sucedido.  Como si más que un guiso hubieran creado una alianza para pedirme que diga basta. ¡Basta! ¡Basta!... El plato también se ha hecho añicos. Miro a mi alrededor y sé que me afanaré en recogerlo todo mientras pienso en lo torpe que soy; que pasaré la fregona pese al dolor intenso que siento en el brazo; que una vez todo esté seco, volveré con la escoba, hasta hacerme la ilusión de que en esta casa no ha pasado nada. Y ya mañana veremos. Porque esta noche él volverá, cansado, arrepentido, con la barba incipiente enmarcando su perfil, con la misma mirada que le recuerdo de la primera vez, cuando no tenía que andar día tras día luchando contra la voluntad de quererle. Y luego extenderá sus manos ásperas y, sólo para mi, obrarán el milagro de acariciar con tavto de deda. Y entonces cerraré los ojos, y durante un tiempo dejaré de ver la mancha indeleble de la grasa sobre la pared.


jueves, 27 de noviembre de 2025

MICRORRELATOS

La estadística indica que visita el blog un número considerable de personas a diario, pero nadie deja comentarios. Esto me llama la atención y me pregunto cuál será el motivo. ¿No hay nada que interese? 


EL ALMA AL DIABLO

El vestido era negro y su escote dejaba a la vista el nacimiento de los senos. Parecía más joven, más hermosa que un par de años atrás, sofisticada. Quedé con él y media hora más tarde entramos a la casa que habíamos estrenado cuando nos casamos y que veinte años después, tras decir yo basta a sus infidelidades, él abandonó. Después de hacer el amor le dije que aceptaba darle la oportunidad que me pedía desde que un día por la calle me descubrió tan distinta a la mujer que había dejado. 

Y mientras él saboreaba la juventud que compré en una clínica estética solo por intentar recuperarle, clavé las uñas de gel sobre mis propias palmas.

DÉJAME IR

Lo teníamos todo para ser felices y no lo éramos. Me decías que me querías, y cerrabas los ojos al desapego que yo te demostraba, o intentabas deshacerlo con besos, al tiempo que me atabas. Dabas por hecho que todo iba bien en nuestra relación, pero no era así. ¿Cómo es posible que no te dieras cuenta?
Desde la distancia, contemplo con rabia cómo pierdes la oportunidad de volver a enamorarte. Pienso que la causa está en que me fui definitivamente cuando todavía no habías comprendido que la verdadera ausencia fue el dejar de quererte, y no esta otra. Y veo con desesperanza cómo, mientras te aferras al acontecimiento prematuro de mi muerte para idealizar un amor que no fue tal, esa mujer que has conocido y a la que estás queriendo sin atreverte a admitirlo se está cansando de esperarte.



LA PIEL

Cuando hace unos meses quise marcharme de este apartamento no pude hacerlo porque mirara donde mirara, había un detalle que me hablaba de él y querría llevármelo conmigo. Pero hoy no es ayer y es mi voluntad que nada suyo me haga falta. Por eso me voy con lo puesto. Pero en esta mudanza en la que todo me sobra ¿que hago con mi piel, cubierta por sus besos?

EL JABALÍ

El hombre despierta, mira la hora en el móvil y se sobresalta. Su hija no le ha enviado el mensaje que tienen apalabrado que ella le escriba cuando llega a casa de madrugada para que él sepa que se encuentra bien. Sacude suavemente a su mujer para decírselo. «Está durmiendo, hombre, no te preocupes», responde ella al tiempo que da vuelta en la cama. Su mujer tiene razón, se dice, pero a los pocos minutos llama por teléfono a la hija, que no le contesta. El silencio es absoluto en la habitación y la imaginación le repite la película del malvado que espera a su pequeña a la puerta del ascensor para echarle la zarpa. ¿De qué sirve que un taxista espere a que la mujer se meta al portal para retomar la ruta, si el mal ya estuviera dentro esperando? ¿Y qué se pretende que haga un taxista si un hombre entra a un portal a la vez que una mujer? ¿Y si es otra mujer quien pretende hacer el daño?». Se levanta de la cama irritado por las ocurrencias del Gobierno, se viste y sacude a su esposa, que ronca levemente. «Voy hasta casa a ver si llegó».

Son las cuatro de la mañana y los perros del pueblo ladran como locos. Ve un puercoespín y sus hijitos correr a toda velocidad. De ahí los ladridos, piensa, pero mira a su espalda. La gata surge de las sombras y lo mira como pidiendo cuentas sobre qué hace fuera de casa a esas horas. Una lechuza ulula, él se mete al coche y arranca. Un faro del vehículo se apaga. El hombre chasquea la lengua, solo falta que lo pare la Guardia Civil.

Veinticinco kilómetros separan la vivienda veraniega de la habitual, donde vive la hija, y seis pequeños pueblos se suceden durante el trayecto. Entre uno y otro, ilumina la calzada el único faro que le queda al vehículo. Las curvas son pronunciadas, el hombre teclea el panel de la radio y oye un golpe contra la carrocería. Mira por el espejo retrovisor y le parece dejar atrás un bulto junto a la cuneta. Un jabalí, qué si no. Unos metros más allá hay un vehículo en sentido contrario al suyo, parado y con las luces prendidas. El hombre acelera. Tiene prisa por saber si su hija ha llegado a casa y solo circula con un faro.







martes, 18 de noviembre de 2025

NADIYA HISTORIA DE UNA ESCLAVA

 


Venta en Amazon, libro en papel y ebbok
RESEÑA LIBROS EN EL PETATE

Hay veces que basta leer dos capítulos de un libro para saber que su lectura nos deparara infinidad de sensaciones agradables, que será una historia muy especial. Yo lo intuí en el primer capítulo y pude confirmarlo a comienzos del segundo.
Andrés Martín de Lobeiras es un navegante gallego antiguo militar que comando naves para las coronas de España y Portugal, que tuvo que huir de una patria ingrata y que fue marino a sueldo del mejor pagador. En el ocaso de su vida pide a Nadiya, una antigua esclava negra convertida durante años en el amor de su vida que escriba su biografía. Ella relatara en unos pliegos la vida de ambos.
Dos diarios, el de un militar noble y un esclava donde Andrés habla de un pasado en decadencia en una España subyugada en las manos de usureros que le obligaron a tomar una nueva identidad y a dejar atrás un pasado que nunca olvidará y que siempre estuvo entre sus recuerdos anhelados por vengar y recuperar.  Ella hablará de tierras exóticas donde los días discurren al ritmo que dicta la naturaleza,  la inocencia convive con el misticismo y los dioses mientras se descubre la vida.
Hasta aquí, la autora presenta a dos personajes que serán los protagonistas principales y cuyas vidas irá narrando a golpes de sentimientos que convierten las páginas gracias a su estilo en una trampa para el lector  que queda atrapado en sus  descripciones llenas de  reflexiones cuyo resultado será carga emotiva que nos convierte en compañeros inseparables de Nadiya y Andrés.
Todo cambia cuando Nadiya es hecha prisionera y llevada como esclava a lejanas tierras, su mundo tal como ella lo conoce se desmorona y tendrá que adaptarse a una nueva vida. Será a partir de ahí cuando los dos personajes llegarán a encontrarse y vivirán junto con otros personajes un situaciones dignas de cuentos que transcurren en palacios lujosos donde las intrigas, las traiciones y los secretos se cuentan por miles pero donde los sentimientos muchas veces son más fuertes que el miedo a las consecuencias.
“La libertad es una palabra terrible cuando se pierde el concepto que la sostiene” (página 94)

Una novela que sin lugar a dudas recomiendo porque posee gran cantidad de elementos para que el lector encuentre aspectos atractivos en su trama. Una historia cargada de aventuras donde la vida de los personajes recorrerá caminos tortuosos en muchas ocasiones buscando la felicidad. Narrada con un estilo fluido que convierte la lectura en una delicia para el lector porque sabe combinar la trama de forma adecuada para que siempre queramos leer más y seguir avanzando en la historia. Nos sentiremos dentro de la historia tanto dentro de sus escenarios narrados con detalle pero sin abusar de adjetivos ni descripciones, como junto a los personajes gracias a sus confidencias, a sus secretos.
Temas como la esclavitud, narrado con dureza pero sin frivolidades convirtiendo los pasajes en situaciones duras y crueles donde nos costará salir indemne de tanta barbarie. Pero no serán ahí nuestras únicas reflexiones porque la violencia de género, la homosexualidad y el despotismo hacia la condición humana estarán muy presentes en esta novela.
Es una novela que puede resumirse a la perfección en una cita que aparece en el libro: “La vida es un juego de una sola tirada” (página 231)


Mención especial para el final de la historia, una conclusión a la altura de esta magnífica historia y que nos dejará con la boca abierta.