La estadística indica que visita el blog un número considerable de personas a diario, pero nadie deja comentarios. Esto me llama la atención y me pregunto cuál será el motivo. ¿No hay nada que interese?
EL ALMA AL DIABLO
El vestido era negro y su escote dejaba a la vista el nacimiento de los senos. Parecía más joven, más hermosa que un par de años atrás, sofisticada. Quedé con él y media hora más tarde entramos a la casa que habíamos estrenado cuando nos casamos y que veinte años después, tras decir yo basta a sus infidelidades, él abandonó. Después de hacer el amor le dije que aceptaba darle la oportunidad que me pedía desde que un día por la calle me descubrió tan distinta a la mujer que había dejado.
Y mientras él saboreaba la juventud que compré en una clínica estética solo por intentar recuperarle, clavé las uñas de gel sobre mis propias palmas.
DÉJAME IR
Lo teníamos todo para ser felices y no lo éramos. Me decías que me querías, y cerrabas los ojos al desapego que yo te demostraba, o intentabas deshacerlo con besos, al tiempo que me atabas. Dabas por hecho que todo iba bien en nuestra relación, pero no era así. ¿Cómo es posible que no te dieras cuenta?
Desde la distancia, contemplo con rabia cómo pierdes la oportunidad de volver a enamorarte. Pienso que la causa está en que me fui definitivamente cuando todavía no habías comprendido que la verdadera ausencia fue el dejar de quererte, y no esta otra. Y veo con desesperanza cómo, mientras te aferras al acontecimiento prematuro de mi muerte para idealizar un amor que no fue tal, esa mujer que has conocido y a la que estás queriendo sin atreverte a admitirlo se está cansando de esperarte.
LA PIEL
Cuando hace unos meses quise marcharme de este apartamento no pude hacerlo porque mirara donde mirara, había un detalle que me hablaba de él y querría llevármelo conmigo. Pero hoy no es ayer y es mi voluntad que nada suyo me haga falta. Por eso me voy con lo puesto. Pero en esta mudanza en la que todo me sobra ¿que hago con mi piel, cubierta por sus besos?
EL JABALÍ
El hombre despierta, mira la hora en el móvil y se sobresalta. Su hija no le ha enviado el mensaje que tienen apalabrado que ella le escriba cuando llega a casa de madrugada para que él sepa que se encuentra bien. Sacude suavemente a su mujer para decírselo. «Está durmiendo, hombre, no te preocupes», responde ella al tiempo que da vuelta en la cama. Su mujer tiene razón, se dice, pero a los pocos minutos llama por teléfono a la hija, que no le contesta. El silencio es absoluto en la habitación y la imaginación le repite la película del malvado que espera a su pequeña a la puerta del ascensor para echarle la zarpa. ¿De qué sirve que un taxista espere a que la mujer se meta al portal para retomar la ruta, si el mal ya estuviera dentro esperando? ¿Y qué se pretende que haga un taxista si un hombre entra a un portal a la vez que una mujer? ¿Y si es otra mujer quien pretende hacer el daño?». Se levanta de la cama irritado por las ocurrencias del Gobierno, se viste y sacude a su esposa, que ronca levemente. «Voy hasta casa a ver si llegó».
Son las cuatro de la mañana y los perros del pueblo ladran como locos. Ve un puercoespín y sus hijitos correr a toda velocidad. De ahí los ladridos, piensa, pero mira a su espalda. La gata surge de las sombras y lo mira como pidiendo cuentas sobre qué hace fuera de casa a esas horas. Una lechuza ulula, él se mete al coche y arranca. Un faro del vehículo se apaga. El hombre chasquea la lengua, solo falta que lo pare la Guardia Civil.
Veinticinco kilómetros separan la vivienda veraniega de la habitual, donde vive la hija, y seis pequeños pueblos se suceden durante el trayecto. Entre uno y otro, ilumina la calzada el único faro que le queda al vehículo. Las curvas son pronunciadas, el hombre teclea el panel de la radio y oye un golpe contra la carrocería. Mira por el espejo retrovisor y le parece dejar atrás un bulto junto a la cuneta. Un jabalí, qué si no. Unos metros más allá hay un vehículo en sentido contrario al suyo, parado y con las luces prendidas. El hombre acelera. Tiene prisa por saber si su hija ha llegado a casa y solo circula con un faro.
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